
Prensa IVIC/ Edith García.- Con una de las redes hidrográficas más caudalosas y diversas del planeta, Venezuela enfrenta el reto de comprender y preservar sus recursos hídricos en un contexto de cambio climático y presión humana. Para responder a este desafío, un equipo multidisciplinario de científicos dentro y fuera del país concretó una exhaustiva revisión sistemática que recopila 209 publicaciones científicas desarrolladas entre 1993 y la actualidad.
El proyecto, que aborda la hidrología, la química del agua y la dinámica de sedimentos en los ríos venezolanos, ofrece un diagnóstico claro sobre el estado del conocimiento científico fluvial en la nación.
El Dr. Jorge Emilio Paolini Gómez, investigador del Laboratorio de Biología de Organismos en el Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), destaca la importancia de esta iniciativa, al señalar que la idea surgió del interés compartido entre colegas de diversas instituciones como la UCV, USB, ULA, LUZ e IVIC, junto a investigadores que han migrado a países como México, Uruguay o Ecuador, por recopilar e integrar toda la información limnológica dispersa. “Venezuela posee una larga tradición en el estudio de las aguas continentales, pero era imprescindible reunir esos datos para entender cómo funcionan nuestros ríos a escala regional”.
Entre ríos de aguas blancas y aguas negras
Uno de los aportes más fascinantes de las investigaciones históricas y recientes coordinadas por el IVIC es la caracterización química que distingue a los grandes sistemas del país. El Dr. Paolini, quien inició sus trabajos en las cuencas del Orinoco y del Caroní en la década de los 80 junto al Dr. Rafael Herrera, explicó las marcadas diferencias que coexisten en el territorio nacional.
“El Orinoco es lo que denominamos un río de aguas blancas; no porque sea blanco, sino por su aspecto terroso producto de los sedimentos que arrastran sus afluentes desde los Andes venezolanos y colombianos. Por su parte, el río Caroní drena el Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra. Sus aguas han sufrido tantos ciclos de erosión que son extremadamente pobres en nutrientes como nitrógeno y fósforo, pero están rodeadas de una vegetación exuberante que subsiste gracias a un reciclaje interno de nutrientes verdaderamente único”.
Esta diversidad hidrológica también explica fenómenos singulares, como la famosa ilusión visual donde el Orinoco y el Caroní parecen no mezclarse de inmediato al encontrarse. “No es que no se unan, es una cuestión de densidad y caudal. El Orinoco lleva una masa de agua casi seis veces mayor, orillando al Caroní hacia la margen derecha durante varios kilómetros hasta que finalmente terminan integrándose por completo”, aclara el investigador.
Picos de sedimentos y la “crecida de los muertos”
La revisión documental también permitió sistematizar patrones hidrológicos complejos. Al monitorear la dinámica del río Orinoco durante ciclos anuales completos, los científicos identificaron que el arrastre de sedimentos muestra dos picos muy marcados a lo largo del año.
El primer pico ocurre entre abril y junio con las primeras lluvias, cuando el torrente erosiona las barras de arena acumuladas en el fondo. El segundo pico se produce entre octubre y noviembre. “Este segundo fenómeno, históricamente conocido en la geografía local como la “crecida de los muertos” por coincidir con las fechas de noviembre, ocurre cuando las sabanas inundadas y los ríos tributarios que habían sido taponados por el alto nivel del Orinoco comienzan a drenar de vuelta al cauce principal, liberando los sedimentos atrapados en sus desembocaduras”, detalla el Dr.Paolini.
Desigualdad en la investigación y amenazas actuales
A pesar de los importantes avances reflejados en las 209 publicaciones analizadas, el estudio pone en evidencia una marcada disparidad geográfica en la investigación científica.
El 59 % de los trabajos se han concentrado en la cuenca del río Orinoco (655.000 km²), el 14 % corresponden a la vertiente del Caribe, el 11 % se ubican en la cuenca del Lago de Maracaibo; mientras que cuencas de vital importancia como Paria-San Juan, Casiquiare-Negro y Cuyuní-Esequibo se encuentran notoriamente subrepresentadas.
Además, el trabajo científico dedicó un apartado especial a los embalses y a los llamados “estresores ambientales”. En Venezuela existen aproximadamente 120 embalses construidos principalmente para el control de crecientes, riego agrícola y suministro de agua potable.
“Los ríos no son entidades aisladas; están expuestos a intervenciones humanas que alteran su equilibrio biológico. Cuando se interrumpe un cauce con un embalse o se canaliza un río como ocurrió con el río Guaire en los años 50, se destruyen los humedales de las orillas, que son las zonas donde los peces desovan. Se interrumpe el flujo natural de sedimentos y se altera drásticamente la vida acuática, desde los organismos microscópicos como el fitoplancton hasta la fauna íctica”, advierte el investigador.
Un llamado a la acción científica
El equipo multidisciplinario continúa trabajando en nuevas publicaciones, con el firme propósito de actualizar diagnósticos que en muchos casos han quedado rezagados.
El Dr. Jorge Paolini concluyó con un llamado reflexivo sobre el futuro de los recursos hídricos del país, “Venezuela cuenta con una base de datos importante, pero gran parte del conocimiento existente requiere actualización urgente. Frente a las amenazas de la degradación ambiental local y el impacto del cambio climático global, resulta prioritario reactivar y priorizar el monitoreo continuo en nuestras cuencas hidrográficas. Solo comprendiendo la química y la dinámica de nuestras aguas podremos tomar decisiones acertadas para su protección”.





