Aprovechan residuos de moringa para purificar agua contaminada destinada al uso ganadero

Prensa IVIC/ Edith García.- Investigadores venezolanos aplican la economía circular para transformar desechos agroindustriales en filtros naturales capaces de remover metales pesados y fármacos en efluentes hídricos.

Garantizar un recurso hídrico seguro es uno de los desafíos más urgentes para el sector agropecuario. Las actividades pecuarias y el manejo inadecuado de desecho agroindustriales suelen convertirse en focos de contaminación que comprometen las fuentes de agua local. Frente a esta realidad, un equipo de investigadores venezolanos impulsan una propuesta sostenible basada en la economía circular, transformar residuos del campo en bioadsorbentes capaces de purificar el agua para la producción animal.

El proyecto, que suma varios años de desarrollo, comenzó con un estudio físico-químico de diversos materiales locales como la tusa de maíz, el bagazo de sábila, la cascarilla de arroz y las cápsulas de la planta Moringa oleifera. Esta última, ampliamente cultivada en el país por su valor nutricional y propiedades medicinales, generan un alto volumen de residuos cuya estructura química resultó ser clave para la purificación ambiental.

La M.Sc. Mirla Rodríguez, del Centro de Biotecnología Agrícola y responsable del proyecto realizado junto al Dr. Saúl Flores en las instalaciones del Laboratorio de Ecología de Suelos, Ambiente y Agricultura del Centro de Ecología, destaca el alcance de este avance técnico.

“A través de técnicas de caracterización comprobamos que este biomaterial posee la morfología adecuada y los grupos funcionales activos ideales para atrapar contaminantes. Hemos obtenido resultados sumamente prometedores en la remoción de metales pesados tóxicos como plomo, aluminio, mercurio y cadmio, además de colorantes industriales como el azul de metileno e incluso fármacos como el ibuprofeno”, explicó la Dra. Rodríguez.

Una alternativa económica y viable para el campo venezolano

Estos hallazgos, respaldados por su publicación en revistas científicas nacionales e internacionales, confirman que la tecnología no solo es efectiva en laboratorio, sino que resulta viable para implementarse a mayor escala. Al tratarse de una metodología de bajo costo y amigable con el ambiente, ofrece una solución práctica para zonas rurales con acceso limitado a plantas potabilizadoras complejas.

La iniciativa está concebida para aplicarse estratégicamente en las principales regiones ganaderas del país, como los Llanos, la región Central y el Centro-Occidental. Además, contempla la integración comunitaria mediante la elaboración de biofiltros artesanales y semiindustriales que fortalezcan la autogestión del agua en las granjas.

“La valorización de estos residuos se convierte en un aliado directo para los productores. Logramos un doble impacto, le damos un uso de valor a un desecho agrícola y aseguramos un agua de alta calidad que protege la salud y mejora el rendimiento del ganado”, señaló la investigadora.