
Prensa IVIC/ Edith García.- El cemento se asocia únicamente con bloques, grandes edificios o autopistas de concreto. Sin embargo, detrás de este material se esconde una química viva y reactiva capaz de responder a dos de los grandes desafíos de la actualidad, la contaminación ambiental y la pérdida de los ecosistemas marinos.
Desde el Centro de Química “Dr. Gabriel Chuchani”, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) la Dra. María Cristina Goite impulsa una investigación que busca cambiar la forma en que entendemos y utilizamos este recurso fundamental.
El proyecto aborda dos vertientes principales. La primera, se centra en la sostenibilidad del sector industrial y de la construcción.
Conscientes de que la industria cementera es una de las mayores emisoras de dióxido de carbono a nivel mundial, el equipo evalúa cómo mejorar las propiedades mecánicas y fisicoquímicas del material reduciendo su impacto ecológico. A través de la carbonatación de escombros de cemento, considerados habitualmente un pasivo ambiental, es posible mejorar la química interfacial de estos agregados de manera que puedan interactuar con diferentes fases minerales del cemento. Actualmente este trabajo lo lleva a cabo un estudiante del programa de Maestría en Química, “la investigación busca incorporar estos desechos reciclados en nuevas mezclas cementantes para transformar este pasivo ambiental en un recurso valioso, contribuyendo a la economía circular. Este desarrollo se adelanta mediante recursos propios del laboratorio y una alianza estratégica con la empresa privada Cognitio Solutions” explicó la investigadora.
Polvo de ostras como imán para la vida marina
La segunda vertiente lleva la química del cemento a un terreno inesperado, la restauración de los fondos marinos. “Los arrecifes de coral enfrentan un deterioro crítico mundial y el Caribe no escapa de ello, debido al calentamiento y la acidificación de los océanos. Los arrecifes son organismos vivos, en donde interactúan numerosos organismos, lo que lo hace uno de los ecosistemas más diversos y complejos. Están relacionados ecológicamente con las comunidades de hierbas marinas, manglares y marismas circundantes. De ellos, los corales se consideran los arquitectos del océano y el declive de sus poblaciones implica la perdida de la biodiversidad y de las guarderías de peces, camarones, etc. Además, las comunidades costeras pierden su protección natural y se degrada el turismo y la pesca local”.
Para hacer frente a esta realidad, la Dra. Goite y su equipo diseñan un sustrato artificial a base de cemento formulado específicamente para atraer a las larvas de coral y facilitar su asentamiento. “La clave del éxito radica en la combinación de una porosidad adecuada con aditivos naturales como el polvo de ostras y otras fuentes de calcio.
La escogencia del polvo de ostras no es casualidad pues se conoce que el mar suele reciclar los desechos de otros organismos para darle nueva vida. Estos materiales diseñados podrían ser capaces de emitir señales bioquímicas que promueven el asentamiento de las especies sésiles en medio de la competencia del fondo marino”. Este trabajo se lleva a cabo con la estrecha colaboración de colegas en el área de la ecología marina del Instituto de Zoología de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Actualmente, las pruebas a nivel de laboratorio en acuarios controlados muestran resultados prometedores, registrando una clara preferencia de los organismos hacia las mezclas enriquecidas. La iniciativa proyecta realizar sus primeras fases experimentales en campo en las costas de Choroní (estado Aragua) impulsando una solución científica nacida en el país para la preservación de los océanos.
Fotos: Edgar Jiménez



