Investigaciones del IVIC ofrecen líneas base clave para proteger ecosistemas ante la reactivación petrolera

Prensa IVIC/ Edith García.- ​Frente al panorama actual de apertura y reactivación de proyectos energéticos en el país, la comunidad científica nacional cuenta con información técnica fundamental para garantizar un desarrollo ambientalmente responsable. A través de investigaciones desarrolladas durante más de dos décadas, expertos han logrado precisar el funcionamiento ecológico de las zonas con mayor potencial de extracción de hidrocarburos.

​Morichales y bosques inundables, son la reserva vital de agua en la Faja del Orinoco. Uno de los principales focos de estudio se ha centrado en el Bloque Junín, una de las áreas estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco. En esta región coexisten diversos ecosistemas de alta vulnerabilidad, como los morichales, caracterizados por la presencia de la palma Mauritia flexuosa, además de sabanas ralas y densas.

​Explicó el Dr. Saúl Flores, jefe del Laboratorio de Ecología, Ambiente y Agricultura del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), que este trabajo se logró en conjunto con un equipo multidisciplinario donde participaron las doctoras Nohemi Chacón, Nelda Dezzeo y la Lic. Mayela Rangel. Igualmente, destacó la relevancia de haber documentado científicamente estos espacios antes de que se incrementen las operaciones pesadas, dicha información que reposan en informes técnicos en INTEVEP.

​“Los resultados más importantes de nuestras evaluaciones demuestran que los ecosistemas más sensibles ante cualquier intervención son los bosques inundables y los morichales. Son de vital importancia porque allí se encuentra la principal fuente de agua fresca y limpia que consumen las poblaciones locales de la sabana, en comunidades como San Diego de Cabrutica, Soledad o Mapire. Un eventual derrame o alteración afectaría de forma directa la salud y el suministro de estas comunidades, ya que no cuentan con redes de tuberías convencionales”, explicó el Dr. Flores.

​Los estudios abarcaron el análisis estacional de nutrientes, como los ciclos del fósforo, nitrógeno y la materia orgánica, permitiendo establecer una línea base real sobre cómo operan estos entornos naturales sin perturbación humana.

​Evaluación de pasivos ambientales y normativas para la industria

​El trabajo científico del laboratorio no se limita al impacto potencial de la extracción de crudo pesado, sino que también abarca el manejo de sus derivados comerciales. En colaboración previa con empresas y filiales técnicas del sector energético, el equipo de investigadores evaluó los efectos de sustancias como el coque, un residuo que pasó de ser considerado un pasivo ambiental a un producto de exportación.

“A partir de estos hallazgos, hemos insistido en la necesidad de generar normativas ambientales estrictas para la producción, manejo y traslado del coque. El objetivo es evitar la dispersión de partículas y contaminantes que pongan en riesgo la vegetación y los suelos circundantes”, señaló el experto.

​Desde el Laboratorio de Ecología, Ambiente y Agricultura, el equipo científico reitera su disposición para asesorar, acompañar y colaborar con las instituciones y empresas involucradas en el sector energético nacional. Con una trayectoria sólida de investigación en el campo, el IVIC ofrece sus capacidades metodológicas para la toma de decisiones informadas que resguarden el patrimonio natural del país.