Ciencia y Sabor: El IVIC blinda el ADN del Ají Margariteño para asegurar su futuro

Prensa IVIC/ Edith García.- El ají margariteño no es solo un ingrediente; es el rastro genético de la identidad de Nueva Esparta. Tras haber obtenido en 2024 la certificación de Indicación Geográfica Protegida (IGP) otorgada por el SAPI, este rubro cultivado en suelos insulares desde hace más de 470 años, se sitúa ahora en el epicentro de una ambiciosa investigación científica liderada por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

Resguardando el «Oro Rojo» de la Gastronomía Insular

Reconocido por su aroma penetrante y un equilibrio perfecto entre dulzor y notas frutadas, el ají margariteño debe sus características únicas a la salinidad del suelo y el clima árido de la isla. Sin embargo, factores como el cambio climático y la aparición de nuevos patógenos amenazan la pureza y la productividad de este cultivo ancestral.

Ante este escenario, el Laboratorio de Genética de Plantas del Centro de Biotecnología Agrícola del IVIC ha integrado este rubro en una de sus líneas estratégicas: el «Mejoramiento genético de hortalizas a través de la inducción de mutaciones con agentes físico-químicos».

Innovación Biotecnológica: Del Campo al Laboratorio

Mariana Andrade, Profesional Asociado a la Investigación y figura clave del proyecto, explica que la clave para salvar la semilla reside en la biotecnología in vitro. El proceso, que consta de cinco etapas críticas, permite manipular y fortalecer la planta en un ambiente controlado.

“Estamos trabajando con el cultivo in vitro, comenzando por establecer la planta en un sistema controlado. Luego seleccionamos el ‘explante’ (porción de tejido vegetal idónea) para realizar múltiples pruebas que culminan en la inducción de mutaciones mediante agentes químicos”, detalló Andrade.

El objetivo es desarrollar un material vegetal que mantenga el sabor icónico, pero que sea capaz de tolerar plagas y variaciones abióticas extremas.

El Desafío de la Genética: ¿Dulce o Picante?

Desde el punto de vista biológico, el ají margariteño es autógamo (se autopoliniza), lo que teóricamente debería conservar su genética intacta. No obstante, en la práctica, lo cual no escapa de los campos de Nueva Esparta ocurre un fenómeno de alogamia facultativa: cruces accidentales con otras variedades cercanas.

Este intercambio genético ha generado un histórico debate culinario sobre si el verdadero ají margariteño debe tener un toque picante o ser puramente dulce. El IVIC busca, mediante su intervención, estandarizar un material promisorio que ofrezca las características más deseables (aroma y sabor) para los productores, garantizando que el perfil organoléptico que le dio la IGP no se pierda con el tiempo.

Con esta investigación, el IVIC no solo protege un patrimonio cultural y gastronómico, sino que camina hacia la soberanía alimentaria. Al crear material de siembra de alta calidad, se reduce la dependencia de insumos externos y se fortalece la economía de los agricultores de Nueva Esparta, asegurando que el alma de los guisos venezolanos siga presente en las mesas de las futuras generaciones.