
Prensa IVIC/ Edith García.- En el corazón del estado Anzoátegui, el río Mapire es el escenario de un fenómeno asombroso: bosques que pasan la mitad del año transformados en paisajes terrestres y la otra mitad sumergidos en un mundo acuático. ¿Cómo logran los árboles sobrevivir y prosperar ante un cambio tan extremo?
Para descifrar este misterio ecológico, el Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) organizó el seminario “Dinámica del pulso de inundación y estrategias de supervivencia arbórea en la cuenca del río Mapire”, una ponencia dictada por el doctor Saúl Flores, jefe del Laboratorio de Ecología de Suelos, Ambiente y Agricultura.
Durante su intervención, el doctor Flores explicó que estos ecosistemas ribereños son auténticos camaleones de la naturaleza. Al enfrentar el «pulso de inundación» (el ciclo natural de subida y bajada de las aguas), los árboles deben adaptarse a dos realidades completamente opuestas en un mismo año.
El verdadero desafío en la fase acuática no es el exceso de agua en sí, sino un enemigo invisible: la escasez de oxígeno. En la mayoría de las plantas del planeta, la falta de aire en las raíces equivale a una sentencia de muerte; sin embargo, la vegetación del río Mapire ha evolucionado para romper las reglas.
“Los bosques estacionalmente inundados son de gran interés para estudios ecológicos y presentan un ecosistema muy particular con dos tipos de ambientes bien marcados durante el año, uno con condiciones acuáticas y otro terrestre”, destacó el experto.
Estrategias extremas para la vida
¿Cómo lo logran? El investigador detalló que las especies de esta cuenca han desarrollado ingeniosas estrategias de supervivencia que les permiten ser catalogadas como «tolerantes a la inundación». Estas plantas entran en una especie de estado de resistencia, logrando crecer y mantener sus funciones vitales incluso bajo concentraciones de oxígeno alarmantemente bajas.
Pero la sincronía con el agua va más allá de la respiración: el nacimiento de las nuevas generaciones también depende del río. Flores señaló que los hidroperiodos (el tiempo que el suelo permanece inundado) dictan el ritmo exacto en que las semillas germinan y se dispersan, utilizando la corriente fluvial como su principal aliada para colonizar el terreno.
Más allá de la resistencia de los árboles, el seminario dejó claro que la salud de estos bosques es vital para el equilibrio de la región. Estos ecosistemas son el motor que sostiene las redes alimentarias de los ríos llaneros. De hecho, la ictiofauna depende directamente de la salud de estos árboles inundados para alimentarse, reproducirse y refugiarse.



